Lijiang: “Una ilusión de Venecia en miniatura”

“Ven, entra”, me ordena una voz tomándome del brazo. Es una joven Naxi, armada con un traje tradicional, un menú de bebidas y una expresión sugerente que modula con habilidad para atraer a los clientes hacia su local. Son las nueve de la noche y la hilera de bares y discotecas que ocupa un costado entero de la Ciudad Antigua de Lijiang está en plena ebullición. “Luego”, respondo a la voz, que se aleja y toma del brazo al siguiente curioso. La música disco retumba en los techos de madera del interior del local y apenas deja escuchar al presentador, que luce un chaqué plateado y una espléndida cohorte de animadoras en bikini. La clientela es exclusivamente china, más mujeres que hombres, y ríe y conversa entre cervezas y cócteles de frutas adornados con guirnaldas hawaianas. Las grandes vigas de madera del techo brillan bajo las luces de los focos ultravioletas y todo parece repleto de humo. El espectáculo durará hasta algo más de la una. Luego, las luces de los locales se apagarán y sólo quedará el murmullo del agua en los canales y el resplandor amarillento de los faroles sobre las casas Naxi que se encaraman una sobre otra en la pendiente. Las tiendas de souvenirs cerrarán sus puertas, los restaurantes apilaran sus mesas entre macetas de flores y los puentes quedarán solitarios. Lijiang volverá a ser una pequeña Venecia en miniatura, una ilusión de ella, de canales y puentes de piedra y hermosas casas con patios ajardinados durante unas horas. Saldrá el sol y se podrá pasear por callejuelas enredadas y admirar tejados y puertas, recorrer plazas vacías y quizás observar a las mujeres Naxi lavar la ropa en los callejones. Poco a poco el sol ira levantando, las calles se llenarán y los negocios abrirán sus cajas, la ciudad turística irá imponiéndose a la antigua y así hasta la noche, así hasta que quizás algún día ya no quede ningún rastro de ella, como si La Ciudad Antigua de Lijiang hubiera sido simplemente una ilusión.

Calles de Lijiang

Calles de Lijiang

El sol de media mañana ilumina con fuerza la gran noria de agua en la entrada norte de la Ciudad Antigua. La parte nueva de la ciudad, demasiado urbana, demasiado estándar, resulta un poco anodina como para que haya algún visitante que se interese por ella. Todo el mundo se dirige directamente aquí: a una gran plaza cerrada al tráfico que sirve también de punto de encuentro. Grupos de turistas se concentran ordenadamente en torno a un guía y a una banderola amarilla, parejas de jóvenes pasean sonrientes de la mano y familias completas se fotografían haciendo el signo de la victoria con la noria de madera como trasfondo. Jinetes tibetanos con sombrero ofrecen yaks y caballos para pasear y hay tenderetes con láminas de madera para poder dejar escrito tu deseo en Lijiang. Es un ambiente perfectamente reconocible, el ritmo despreocupado de las vacaciones y los viajes de fin de curso: sin prisas, sin tareas, sin malas caras, aunque estemes en pleno mes de abril. Observando los puestos de sombreros de cowboy que pueblan la plaza veo algo que me llama la atención: entre toda la maraña de visitantes no soy capaz de distinguir a ningún extranjero. No es raro, leo que de los 5 millones de visitantes anuales que recibe Lijiang, una cifra superior a Venecia o Cancún, el 90% son chinos. Y que la ciudad antigua mide exactamente 3,82 km2.

Noria de Lijiang

Noria de Lijiang

Una mujer de mediana edad con un niño en brazos me recibe en la recepción de la pensión Ang Shen Yuan, una antigua casa tradicional reconvertida en modesta casa de huéspedes. El suelo de madera amarillenta cruje al andar y las habitaciones tienen puertas correderas con láminas de cristal tallado. En el patio central un juego de te descansa abandonado sobre una mesa baja. Hablamos de las habitaciones pero apenas regateo, preguntarle si el niño era su hijo se ha convertido en un involuntario cumplido. La piel fina y morena del rostro, sin arrugas, casi tailandesa, y una tímida forma de moverse me ha confundido. Estoy hablando con la abuela. La madre, de poco más de veinte años, atiende al móvil en un sillón apartado del mostrador. Aunque no llevan los característicos vestidos tradicionales ambas parecen Naxi, la etnia característica de esta zona de Yunan. Caras estrechas y morenas, el pelo negro azulado y un modo de hablar sereno que remite a los tibetanos.

Pension en Lijiang

Patio interior de la Pensión Ang Shen Yuan

Dos canales principales serpentean entre las calles y callejuelas a ambos lados de Dong Dajie, la vía principal que atraviesa la Ciudad Antigua. De esas dos vías de agua se despliega una red de estrechas conducciones que se propagan como una tela de araña por la ciudad. Antiguamente esa red de canalizaciones transportaba el agua helada que bajaba de las montañas hasta las casas de barro de aquélla “ilusión de Venecia en miniatura” que describió el escritor ruso Peter Goullart. “Una ciudad pavimentada de losas y ladrillos de piedra escrupulosamente limpios donde el agua discurre incesantemente cristalina y nada excepto los guijarros se puede divisar en el fondo”. Guollart vivió 8 años en Lijiang durante la década de los 40 y abandonó la ciudad que le cautivó tras la llegada del Ejército Rojo en 1949. Una ciudad, la de los años 40, a la que el escritor le dedica un libro entero, “El Reino Perdido”, una obra que vale la pena leer.

Canales de Lijiang

Canales de Lijiang

Otro hombre que dedicó buena parte de su vida a Lijiang fue Joseph Rock, un botánico políglota tan fascinado por China como excéntrico y que vivió en Lijiang de 1922 a 1949. Patrocinado por la Universidad de Harvard y National Geographic, se dice que Rock mandaba caravanas de 800 metros con sirvientes y vajilla de oro por las montañas de Lijiang para poder estudiar la cultura y la flora  local. Escribió un diccionario naxi-inglés y mezcló sus vivencias personales con estrictas descripciones de la flora de Lijiang y la cultura Naxi en un libro bastante sui generis: “El antiguo Reino Naxi del Suroeste de China”. Tanto Rock como Goullart son responsables de libros que han influenciado luego a ilustres visitantes posteriores como el poeta norteamericano Ezra Pound o James Hilton, escritor del archiconocido “Lost Horizons“.

Canales de Lijiang

Canales de Lijiang

Hoy en día el agua también discurre sorprendentemente clara por los canales de Lijiang, como decía Goullart, aunque esa agua ya no se usa como suministro para las viviendas Naxi. Los turistas se hacen fotos en los puentes y es agradable pasear a primera hora de la mañana. Faroles y banderolas de colores cuelgan sobre los puentes y las ramas de los sauces parecen tenderse sobre el canal. Hay flores blancas y rosas que surgen de los espacios entre las piedras, como si realmente naciesen directamente de los muros de las antiguas residencias. Los canales se concentran en una única vía que sale de la ciudad hacia el norte, hacia el antiguo Río de Jade y el llamado Estanque del Dragón Negro. Es allí donde se ubica hoy la foto más famosa de Lijiang: un puente blanco que conecta con un pabellón Ming y que devuelven su reflejo en el estanque, con los picos de las montañas nevadas al fondo.

Estanque del Dragón negro

Estanque del Dragón negro

Situados entre los dos canales laterales y a ambos lados de la calle principal, los negocios para turistas son hoy el alma de la ciudad. Tiendas, agencias y casas de huéspedes, todas ellas exquisitamente cuidadas pero una junto a otra y ocupando prácticamente todo el espacio posible. Las razones de este singular ritmo de desarrollo se originan en mayo de 1996, cuando un terremoto de gran magnitud sacudió Lijiang provocando más de trescientos muertos. Pese al embate, la arquitectura tradicional Naxi resistió sorprendentemente bien. Algunas de esas casas sobrevivieron, otras fueron reconstruidas y, aprovechando el dinero recién llegado de instituciones internacionales, otras fueron construidas a imitación de las antiguas. Fue en esa nuevas casas Naxi donde se instalaron los nuevos negocios, entre ellos discotecas o karaokes que fácilmente podrían haber quedado fuera del recinto. Con el terremoto llegó también la declaración de la ciudad antigua como Patrimonio Universal de la Unesco. Y con la declaración los turistas fueron multiplicándose dejando como resultado que hoy no quede apenas espacio libre en Lijiang para nada que no sea comercializable y apenas tampoco para andar. Los negocios han sustituido a los mercados y muchas familias han vendido sus antiguas residencias a cadenas hoteleras. Lo cierto es que el turismo tradicional ha sido sustituido por turismo de masas y, ante esa evolución, la Unesco ha pedido a las autoridades chinas que estudien modelos de urbanismo en Francia, Italia o España para tratar de preservar esa calificación.

Es media tarde y las calles ya empiezan a llenarse. A pesar de que existe una agencia de viajes en cada esquina no consigo que me atiendan: los empleados me miran con horror y se excusan con el idioma. Las tiendas de jade y joyería se mezclan con talleres de artesanías y tenderetes con cuernos de yak colgados en la puerta. Los encargados dormitan o juguetean con el teléfono, sin prestar demasiada atención a los curiosos. En la planta baja de las casas se han instalado cuidados locales de reminiscencias europeas donde se vende cualquier cosa que remita a bienestar: jabones aromáticos, velas de colores, CDs espirituales, infinitas variedades de café y té y la interminable y fascinante serie de plantas, remedios, afrodisíacos, amuletos y tónicos, de la medicina china. Chicas jóvenes curiosean en las boutiques de moda y las familias cargan con enormes bolsas cargadas de recuerdos para la vuelta a casa. Un paisaje de barrio acomodado, con sofisticación y consumo, muy diferente al de Goulart. El flujo de personas crece con la tarde y llega a su apogeo con la caída del sol.

En la Plaza del Cuadrado se ofrece un espectáculo tradicional. Un grupo de mujeres Naxi baila en corro al son de una melodía popular. El público se ha reunido en torno a ellas y se une poco a poco al baile y al tarareo. Las mujeres Naxi llevan blusas azules y un delantal negro que les cubre los pantalones. Sobre el pecho, dos tirantes cruzados sostienen a sus espaldas la capelina tradicional, que refleja el cosmos entero según la tradición. La parte superior de la capa, una franja color vino, representa el cielo nocturno y la parte inferior, un lóbulo crema, la luz del día; separadas ambas por una hilera de siete discos que simbolizan las estrellas.

Los Naxi  viven en Lijiang desde hace 1.400 años. Son descendientes de nómadas tibetanos que decidieron un día asentarse a 2500 metros de altura para cultivar arroz y cebada. Su religión era, aún lo es, una mezcla de budismo tibetano, taoísmo chino y espíritus de los bosques y vivían hasta hace poco tiempo en sociedades matriarcales en las cuales los hijos pertenecían en exclusiva a las madres, que se encargaban de criarlos, heredaban todas las propiedades y dirimían las disputas. Los hombres vivían y trabajaban en la casa de sus madres aunque podían dormir en la de sus parejas o amantes si así se lo permitían ellas, un modelo singular de sociedad donde el control se establecía mediante la flexibilidad sexual. Hoy ya no es así y los Naxi han adoptado, o se les ha impuesto, el estrecho patrón han de relaciones donde la familia tiene un peso muy importante en las decisiones.

Mujeres Naxi

El doctor Ho es la atracción estelar de Baisha, una pequeña población cercana a Lijiang que ha pasado de ser una somnolienta aldea Naxi a convertirse en una réplica de la calle principal de Lijiang. La gente pregunta por la clínica del doctor, un vívido retrato del clásico médico taoísta dibujado con maestría por el escritor británico Bruce Chatwin en su libro: Los viajes.: En la PatagoniaLos trazos de la canción¿Qué hago yo aquí?

Otro personaje Naxi de Chatwin, quizás aún más famoso que Ho aunque ya fallecido, es “el maestro de música, un profesor de música retirado que era capaz de tararear un repertorio interminable de Beethoven y Chopin y que dedicó los últimos días de su vida a estudiar las canciones populares Naxi. “Un hombre cortés y enérgico con un mechón de pelo negro azulado reluciente que vivía con su esposa de aspecto infantil”. Chatwin cuenta que el profesor fue encerrado veintiún años en la cárcel por recibir al Ejército Rojo con la Marcha Militar de Schubert. Su “devoción a la cultura occidental” lo llevó a la cárcel. Y también a ser torturado, colgándole del techo en la postura de Cristo, como si fuera un director de orquesta.

“Y sobre Lijiang la capa de nieve es turquesa. El mundo de Rock, que salvó para nuestra memoria una leve traza en el aire, en lo alto”

escribe Ezra Pound sobre Lijiang y el mundo que Joseph Rock descubrió para occidente. Ese “Reino Perdido” de Goullart, que es hoy una extraña copia artificial del pasado. Pero Lijiang, pese a multitudes y a negocios, pese a todo, sigue ejerciendo una influencia positiva en sus visitantes. Es el punto de partida obligado para explorar el norte de Yunan, las esplendidas cadenas montañosas y prados que la separan del Tibet. Y la ciudad todavía mantiene un halo de ciudad antigua, exquisitamente redecorada, quizás falsa, pero que todavía puede llegar a fascinar. Bastaría con que se restringiese el número de visitantes, al modo en que se hace, por ejemplo, en la Alhambra de Granada para que la ciudad recuperase por si sola un encanto que las multitudes estropean. Hoy Lijiang sólo luce de madrugada, al salir el sol, cuando los karaokes duermen y las calles y los puentes sobre los canales despiertan vacíos, es entonces cuando en esta ciudad de hermosas casas de madera y faroles amarillentos uno puede llegar a quedarse hipnotizado por la ilusión de una Venecia en miniatura.

Lijiang

Plaza en la Entrada Norte de Lijiang

Más información sobre Lijiang:

1) Presentación de Lijiang en la web de la Unesco

2) Hoteles en Lijiang

Comentarios

  1. Krianz dijo:

    Tío!!

    No te cuelgues con el Smooth Cam del Final que queda FATAL.

    He estado este verano por ahí y en Agosto la gente es insoportable

    Salut

    • Vaiven dijo:

      Gracias por la aportación, miraré eso del Smooth Cam (el video NO es lo mío).
      Y sí, hay demasiado gente en Lijiang. En Agosto, más, claro.
      Salut

      • Krianz dijo:

        Oye! Que no quería ofender eh?!?! JAJAJA

        Lo mío si que es el vídeo, y no por chulear,sino porqué me dedico a ello. Así que si alguna vez te puedo ayudar con lo que sea relacionado con éste campo o con cualquiera no dudes en pedírlo.

        Al igual que tu, soy viajero, y también me gusta leer y escribir sobre ello. En mi web hay links a blogs con algunos viajes de los que he hecho…

        http://www.pausanchez.tv

        Y felicidades por tu web!

        Ciao

        • Vaiven dijo:

          No me ofendí, tranquilo, aprender a filmar y a editar video es algo que tengo pendiente.
          Tienes buenos trabajos en la web, felicidades!
          Y gracias por la oferta!

          Eduardo

  2. Natalia dijo:

    Hola!
    Quería saber si hay alguna forma de llegar en transporte público desde Chengdu o Leshan a Lijiang.

    PD: Hoy sumo una web más a mis favoritos en viajes! Gracias por compartir tus experiencias.

    • Vaiven dijo:

      Hola y gracias,

      Para llegar desde Chengdu a Lijiang yo fui en tren nocturno hasta Kunming (14h) y luego en autobús hasta Lijiang (7h).

      Otra forma más interesante de llegar (aunque bastante más lenta, necesitarás varios días) es recorriendo la autopista del Tibet en autobús vía Kanding y Shangri-la. Pero esta opción estaba vetada a los extranjeros hace unos meses (sin ID china no te vendían los billetes de autobús de Chengdu a Kanding).

      Un saludo!

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