Hohhot: Praderas, desiertos y Gengis Khan

Mongolia Interior es una de las provincias septentrionales de China, una estrecha franja de tierra semi abandonada que combina desierto y praderas a lo largo de 4.200 km de frontera con Mongolia. La distancia de punta a punta es similar a la que separa Par√≠s de Teher√°n. Su parte sur conformaba antiguamente la √ļltima frontera del Imperio Chino con las tribus n√≥madas de Mongolia, y hoy en d√≠a todav√≠a quedan restos de la Gran Muralla esparcidos por todos lados. Pero poco m√°s. Ese es uno de los misterios de viajar por Mongolia Interior. No queda pr√°cticamente ning√ļn signo de los grandes imperios que cabalgaron por estas estepas m√°s all√° de las estatuillas de Gengis Khan que se venden en las tiendas para turistas. Los mongoles no dejaron nada construido. Ni siquiera se est√° realmente seguro de que el mausoleo de Gengis Khan contenga los restos del gran l√≠der. Queda la inmensidad de un paisaje agreste y vac√≠o que ofrece el contraste de un desierto de dunas africanas y una estepa de fr√≠o verde a pocos kil√≥metros de distancia.

Praderas de Huitengxile

Praderas de Huitengxile

Hohhot, la capital de Mongolia Interior, produce una sensaci√≥n de amplitud que no es frecuente en las ciudades chinas. Las avenidas de acceso, desiertas y bordeadas de √°rboles parecen una pradera de cemento extensa e inhabitada. No hay callejones, ni antenas en los tejados, ni ventanas rotas. Los edificios se extienden a lo largo m√°s que a lo alto y s√≥lo al llegar al centro los bloques de oficinas y los centros comerciales recuperan el abigarrado aspecto chino tradicional. ‚Äú¬°Quiero ver un Mongol!‚ÄĚ le solicita Paul Theroux a su irritante gu√≠a chino tras un par de d√≠as de aburridos paseos por Hohhot. Mi taxista lo es: la mand√≠bula cuadrada, nariz de boxeador, esa forma de mirar torcida de los jinetes cuando otean hacia atr√°s sobre el caballo y unas manos que estrujar√≠an a cualquier chino. No es extra√Īo que a los chinos les aterrorizasen los b√°rbaros comedores de carne asada y queso. No viajo solo en el taxi, un tipo se ha instalado en el asiento delantero y charla animadamente con el heredero de Gengis Khan. Lo dejamos en casa, el tipo se despide sin volverse y luego ya nos dirigimos hacia el hotel a cuenta de mi tax√≠metro. El hotel es un edificio anexo a un hotel de cuatro estrellas que comparte la entrada con el acceso a las cocinas y los vestuarios del personal. Los empleados entran en el cambio de turno y salen para fumar o marcharse a casa. Tiene habitaciones sencillas, con moqueta y una mesilla de noche antigua, de √©sas que incorporan los interruptores de la luz y la televisi√≥n. Nadie sabe hablar ingl√©s, ni en uno ni en otro edificio, pero eso no es una novedad en Hohhot. De camino hacia la estaci√≥n de tren coincido con un austriaco que me pregunta por un banco, ‚Äúeres la primera persona que encuentro que sabe hablar ingl√©s en tres d√≠as que llevo aqu√≠‚ÄĚ.

Hohhot

Hohhot

La plaza Xinhua Guangchang es el centro de Hohhot. Tiene la estaci√≥n de tren al frente y dos de las principales avenidas de la ciudad discurriendo por los costados. A media tarde hay familias con ni√Īos, grupos de j√≥venes haciendo breakdance y ancianos sentados mirando a las palomas. El cielo est√° completamente azul y el reflejo del sol brilla en los grandes edificios de cristal de los bancos y establecimientos gubernamentales que rodean la plaza. Paseo por la calle que llega de vuelta al hotel, entro en una pasteler√≠a para comer algo, saco dinero de un cajero y me resisto a entrar en los grandes almacenes para matar el tiempo. Apenas hay algo que revista inter√©s en esta ciudad p√°lida y nueva, desarrollada junto a la cercana Batou al ritmo de las explotaciones mineras de la zona.

Plaza de Xinhuejang, Hohhot

Plaza de Xinhua Guanchang, Hohhot

Tomo un taxi para visitar una de las escasas atracciones de la ciudad, la Pagoda de Wuta Si (Pagoda de las Cinco Pagodas), construida en 1.732. La pagoda tiene cinco torres rectangulares escalonadas, cada una de las dagobas, una base en piedra gris y verde. Hay grabados tallados en la piedra de las paredes y una carta astral mongol en el interior. En la base de la pagoda figuran escritos textos del Sutra del Diamante, el libro de discursos de Buda relativo a la percepci√≥n, escritos en tibetano, s√°nscrito y mongol. ‚ÄúSi hubiese tantos r√≠os Ganges como granos de arena hay en el lecho del Ganges, ¬Ņser√≠an muchos los granos de arena de todos ellos?‚ÄĚ. Cosas as√≠. Me alejo un poco para observar la pagoda en¬† perspectiva. La sensaci√≥n que da es extra√Īa, ves un espl√©ndido edificio de tonos ocres y arquitectura mestiza, recargado y geom√©trico, pero que parece fuera de lugar. Piensas que quiz√°s debe proceder de la India o de una monta√Īa en el Nepal. Sin embargo, es s√≥lo una apariencia, fruto de una ciudad excesivamente mon√≥tona y demasiado renovada que poco tiene que ver con la imagen de estepas y jinetes que uno se imagina. En realidad, el budismo tibetano es la religi√≥n de los mongoles desde Altai Khan; de hecho, Mongolia es el √ļnico pa√≠s del mundo donde el budismo tibetano es la religi√≥n oficial junto con Bhutan. Los templos mongoles son muy similares a los tibetanos y este templo es simplemente una mezcla de estilos, una mezcla china. Hohhot es China, no Mongolia, pese a que su provincia se denomine Mongolia Interior. Eso ya est√° claro.

Pagoda Wuta Si

En el a√Īo 1162, cuando naci√≥ Gengis Khan, la sociedad mongol era analfabeta, n√≥mada y desestructurada. Un conjunto de clanes y tribus peleados entre s√≠. El gran l√≠der uni√≥ a esos clanes y les dio un sistema de organizaci√≥n. Estructur√≥ el ej√©rcito en batallones de diez hombres guiados por un oficial y creo un sistema de se√Īales sonoras para que los soldados pudieran obedecer f√°cilmente las √≥rdenes. Los mongoles no ten√≠an columnas de ataque ni compa√Ī√≠as dedicadas al suministro, sus jinetes dispon√≠an de cinco caballos cada uno y se desplazaban a toda velocidad por los territorios invadidos. Tan r√°pido que en 25 a√Īos conquistaron mas tierras que los romanos en cuatro siglos. Los caballos pastaban durante la ofensiva y se orde√Īaba a las yeguas para tener leche. A pesar de su fama, eran bastante refractarios al combate cuerpo a cuerpo. Prefer√≠an usar arcos y lanzas y b√°sicamente se dedicaban a sitiar ciudades y esperar a que sus habitantes se rindieran. Las que no lo hac√≠an eran arrasadas como ejemplo para la siguiente. De ah√≠ procede gran parte de su fama. La diplomacia fue otra de sus principales armas. Gengis Khan prohibi√≥ la tortura y estableci√≥ el concepto de inmunidad diplom√°tica. Garantiz√≥ la libertad religiosa, estableci√≥ impuestos m√°s bajos y aboli√≥ las leyes hereditarias de la aristocracia para granjearse el favor del pueblo llano. En su pol√≠tica de alianza estaba dispuesto a aceptar la ayuda de cualquiera que quisiera hacerlo. Cuando muri√≥, en el a√Īo 1227, su imperio era dos veces mayor que cualquier otro en la historia. Las rivalidades entre clanes y la extensi√≥n del imperio hicieron que este se dividiera en cuatro zonas tras su muerte. Su hijo, Kublai Khan, soberano de la parte m√°s oriental, complet√≥ la conquista de China y fund√≥ la dinast√≠a Yuang en 1279, la primera dinast√≠a no han que gobern√≥ China. La extensi√≥n del imperio mongol uni√≥ Europa y Asia, cambiando as√≠ el devenir del mundo. Los mongoles fomentaron el comercio y aseguraron el tr√°nsito por los caminos entre Europa y Asia. Invenciones, t√©cnicas y productos se intercambiaron entre culturas a trav√©s de comerciantes como Marco Polo. La astronom√≠a de los persas corrigi√≥ los errores cl√°sicos, el papel moneda lleg√≥ a Europa, la br√ļjula permiti√≥ el avance de la navegaci√≥n y la p√≥lvora el de los ej√©rcitos. Comerciantes europeos llegaron a China y doctores chinos viajaron a Persia, la Ruta de la Seda lleg√≥ hasta Europa. La corte mongol inclu√≠a budistas, tao√≠stas, musulmanes y cristianos nestorianos. La literatura y las artes prosperar√≠an unos a√Īos despu√©s. Pero fue un imperio extremadamente corto, basado en la capacidad de uni√≥n de las diferentes familias en torno a un l√≠der carism√°tico. Los Yuan fueron sustituidos por la dinast√≠a Ming en 1368 y los mongoles regresaron a las estepas. Los mogoles escribieron poco y no sabemos mucho acerca de c√≥mo ve√≠an su propia historia. La mayor parte de fuentes hist√≥ricas procede de los pueblos conquistados, que los describen como una panda de borrachos sanguinarios que se llevaban a las mujeres arrastr√°ndolas de sus caballos. Algunos historiadores modernos no comparten esa opini√≥n y hacen m√°s √©nfasis en los novedoso de su forma de gobierno, algo m√°s democr√°tica que los f√©rreos sistemas olig√°rquicos que reinaban en Europa y Asia. Sea como sea, la figura de Gengis Khan es conocida en todo el mundo. En su mausoleo, situado a 65 km de la ciudad de Dongsheng, a 4 horas de Hohhot, una l√°pida recuerda su figura como ‚Äúuna gran estratega y hombre de estado en la historia del pueblo chino‚ÄĚ.

Estatua de Gengis Khan en Hohhot

Estatua de Gengis Khan en Hohhot

Fue uno de los descendientes de Gengis Khan, Altan Khan, quien fund√≥ la ciudad de Hohhot en el a√Īo 1576. A unos 100 km de la ciudad, en mitad de las praderas (‚ÄúGrasslands‚ÄĚ en terminolog√≠a de folleto tur√≠stico) se supone que uno puede visitar todav√≠a la forma de vida de los mongoles de las estepas. Jing, la gu√≠a, me recoge a la puerta del hotel. ‚ÄúBienvenido a Hohhot, Mr. Edward‚ÄĚ, me dice tras uno de esos pa√Īuelos que las mujeres chinas usan para protegerse del viento y el sol. Es joven y muy peque√Īita, una ni√Īa que se mueve de un lado a otro y organiza a los pasajeros con la decisi√≥n de un adulto y la experiencia de muchos viajes en grupo. Las afueras de Hohhot no producen grandes sorpresas, el paisaje se mantiene √°rido y vac√≠o durante muchos kil√≥metros. No ser√° hasta tomar un desv√≠o y adentrarnos por una pista de tierra que empezamos a ver la gran llanura verde, sin un solo √°rbol, que conforma las praderas de Huitengxile. Una gran alfombra de hierba baja cubre las oscilaciones del terreno que se abre a los costados de la pista. Los alambres de las vallas que separan las propiedades son la √ļnica obra del ser humano en muchos kil√≥metros. Un √°guila sobrevuela el p√°lido cielo azul y en el horizonte se vislumbra la figura triangular de una tumba de piedra tibetana. El destino es un vallado con un restaurante, varios ‚Äúyurts‚ÄĚ de ladrillo pintados de blanco y un establo delimitado con tablas de madera. Hay largos tridentes mongoles decorados con cintas que se mueven con el viento y unos cincuenta caballos mongoles, peque√Īos, rubios y de crines largas, que espantan las moscas aburridos en el establo. Todo tiene el aspecto falso de una atracci√≥n tur√≠stica y a nadie parece importarle demasiado. Debo ser el √ļnico que me esperaba un m√≠nimo de autenticidad. Un grupo de mongoles ataviados con los cl√°sicos vestidos largos unisex de colores sobre el anorak, botas de montar y gorros con orejeras de lana aguarda a nuestro autob√ļs para iniciar el paseo en caballo. La mayor√≠a son chinos, algunos llevan gafas de sol y sombrero vaquero, otros, gorras de beisbol. Podr√≠an haber salido perfectamente de cualquier taberna de Hohhot. Tambi√©n hay quads. El supuesto campamento mongol es terrible. Parecen casetas de ba√Īo de un camping con forma de yurt. El exterior es de ladrillo y el interior est√° acolchado con sacos de dormir y decorado con una mesita de colores y algunas cintas tibetanas colgando de los postigos de la ventana y del techo. Tienen el mismo encanto que el vestuario de un campo de f√ļtbol.

Pradera de Huetingxile

Pradera de Huetingxile

Una vez acabado el paseo es hora de comer. Como suele ser habitual en China, todo el mundo se organiza para ocupar las mesas y no dejar sitios libres. Nos traen algunos platos, y como es normal también en estos tours, todo es escaso y pobre pero nadie protesta. Hay una especie de coro de cuatro chicas y un tipo con sombrero vaquero y gafas de sol que cantan una melodía mongol. Hacen lo que pueden, no son profesionales, y vamos comiendo trozos de cordero (uno por persona) al son de un órgano Yamaha.

Concierto para turistas

Se ha terminado la visita y avanzamos entre las desiertas praderas verdes en direcci√≥n a Hohhot. Las largas lanzas con punta de tridente que delimitan el campamento son ya peque√Īas motas que vamos dejando atr√°s. Cae la tarde y el fr√≠o se apoderar√° pronto de la escena. Se encender√°n los braseros en las tiendas mongoles, los caballos se recostar√°n en el suelo y los turistas se refugiar√°n en los sacos de dormir. Una figura aislada, una sombra con la forma de un jinete nos observa sobre una loma en la lejan√≠a. Se le acerca una moto y desaparecen juntos, libres bajo las nubes.

Praderas de Huetingxile, Hohhot

Praderas de Huetingxile, Hohhot

Jing me recoge al d√≠a siguiente en el hall del hotel. Se trata de un paseo por las dunas de la Garganta de Arena Resonante, un trozo de S√°hara colocado en mitad de las praderas de Mongolia Interior, una parte del desierto de Kibuqi, perteneciente a la inmensidad del Gobi. El desierto del Gobi se extiende desde Mongolia hasta el altiplano tibetano en una extensi√≥n superior al mill√≥n de km2. Su aspecto var√≠a desde el verde de las estepas mongolas a los p√°ramos secos y ventosos de la provincia de Gansu. En los alrededores de Hohhot su aspecto es menos desolador que el producido por el hombre. F√°bricas abandonadas e hileras de estructuras de hormig√≥n, futuras viviendas, nos acompa√Īan al acercarnos a Batou, la ciudad m√°s poblada de Mongolia Interior. He tenido la fortuna de coincidir con cuatro estudiantes de ingl√©s que me ayudan con las traducciones. Micr√≥fono en mano, la gu√≠a inicia el discurso oficial sobre Batou. Cathy, una de las estudiantes, me traduce: ‚ÄúBatou es una de las ciudades m√°s ricas de Mongolia Interior, productora de gas carb√≥n y minerales. Por las calles de Batou se pueden ver m√°s coches de lujo que en ning√ļn otro lugar de China‚ÄĚ. Pero lo que se ve es una mina. Excavadoras, chimeneas y grandes pilas de carb√≥n, el paisaje natural destruido y convertido en una interminable mina. La ciudad lujosa se erige hacia el sur y se extiende sin freno. Los chinos son grandes aficionados a las estad√≠sticas, as√≠ que lo que sigue es una lista de kil√≥metros de carretera, puestos de trabajo y millones de yuanes invertidos en la zona. ‚ÄúAhora es un poco aburrido‚ÄĚ, me comenta Cathy, ‚Äúmejor no te traduzco‚ÄĚ. Una vez pasado Batou, el paisaje recobra su aspecto natural, monta√Īas de tierra anaranjada que siguen la l√≠nea de la carretera y se pierden en el horizonte. Kil√≥metros y kil√≥metros de polvo y un suelo √°rido y seco donde apenas crece la maleza. La falta de agua en China es esto. De vez en cuando se puede ver alguna aldea aislada en mitad de ninguna parte, los ni√Īos que juegan junto a las casas de chapa y una sensaci√≥n de pobreza solitaria.

Alrededores de Hohhot

Alrededores de Hohhot

La entrada a la Garganta de Arena Resonante cumple todos los requisitos de las instalaciones turísticas chinas: una larga fila de tenderetes, un parking lleno de autobuses y la posibilidad de alquilar un quad. Está estratégicamente situada para que uno no pueda acceder a las dunas fácilmente sin la entrada. Tampoco es aconsejable, se trata de un desierto y las dunas ascienden en laderas de treinta metros de altura y se pierden en el horizonte. Los jeeps circulan por caminos preparados transportando a los turistas hasta un cercado donde se guardan camellos asiáticos. Subiendo a lo alto de una duna pueden otearse las caravanas de turistas y camellos desplazándose entre las oscilaciones del terreno. Parecen sombras de otra época sobre un mar de arena ondulante.

Garganta de Arena Resonante

Garganta de Arena Resonante

Garganta de Arena Resonante

Garganta de Arena Resonante

El calor no es extremo y me siento en lo alto de una duna para disfrutar de la vista del ‚Äúdesierto con cuernos‚ÄĚ, seg√ļn lo conoc√≠an los mongoles, que se extiende y cambia de forma con el viento. Intento escuchar el silbido ‚Äúresonante‚ÄĚ de la arena sobre la superficie, la llamada de la muerte que da nombre al desierto en chino, pero apenas hay viento. S√≥lo queda deslizarse con una tabla por una ladera de cincuenta metros, la √ļltima actividad, y volver al autob√ļs con las sensaci√≥n de haber pisado y resbalado por una parte del Sahara.

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